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Ermita del Buen Suceso

 

En término territorial de Huergas de Gordón se levanta “El Santuario de la Virgen del Buen Suceso de Gordón” desde el s. XVIII y, es este, el primer monumento religioso del concejo que arquitectónicamente se resuelve con sometimiento al barroco como estilo predominante usando sillería de caliza del país.

 

Una somera descripción del actual edificio del “Buen Suceso” vendría a ser: Se levanta el edificio sobre una planta de cruz latina que presenta una triple cabecera, las cabeceras laterales se cubren con bóveda de arista. El Crucero y la cabecera principal con cúpula, los brazos del crucero y los tres tramos de la nave hacen lo propio con bóveda de cañón. La cabecera, al exterior, presenta una forma poligonal que coincide en su interior con la sacristía. Al sur, en la parte de la nave, presenta al exterior dos contrafuertes, coincidiendo en el interior con los arcos fajones. A los pies lleva un pórtico abierto por tres arcos de medio punto, uno en cada costado que se cubren con crucería de ocho nervios. Otro pórtico se abre al norte que presenta tres tramos sobre pilares con imposta plana y cubierta de crucería sencilla.

 

En la clave de la puerta de acceso se talla una inscripción en letra uncial que rememora y data los inicios de la obra, en ella se puede lee: “Esta obra se hizo siendo cura de la Villa de Huergas y administrador de la Virgen del Buen Suceso el señor D. José Suárez Bayón y mayordomo Manuel de Bobis, vecino de dicha villa. Año 1.766”. Tiempo más tarde el templo sufre una ampliación realizada en 1834, siendo obispo de la diócesis el Excmo. Sr. D. Gregorio Ceruelo y administrador-capellán don Bernardo García, cura de Llombera. Hemos de destacar la verja forjada datada en 1854 y las iniciales F. J. B. Q. con clara alusión al donante: don Francisco Javier Bernaldo de Quirós.

 

Y si nobles son estas tierras, no menos nobleza ha existido en el sentir del pueblo al otorgar a Nuestra Señora del Buen Suceso el título de “Patrona de Gordón”, y que lo es, no sólo por la aclamación del pleno municipal extraordinario celebrado en el año 1938 que fuera presidido por don Eladio Llamazares Suárez, alcalde a la sazón del Concejo, sino por el fervor popular, que desde siempre, en septiembre de cada año, anda presuroso peregrinando los caminos para llegar al recoleto Santuario, primer monumento del Concejo y Patrimonio Histórico desde 1983, para asistir fervorosos a su novena y festejar religiosamente su aniversario a la vez de ofrecerle sus exvotos y suplicar su favor.

 

Hemos de hacer referencia a la monografía publicada por Francisco Escobar y titulada “El Santuario del Buen Suceso de Gordón”, en ella se estudia todo cuanto de interés mariológico, documental, arquitectónico o anecdótico esta relacionado con nuestra Virgen y su Santuario.

 

Añadiremos para concluir que el reconocimiento, el fervor y de la devoción a la Virgen del Buen Suceso, se ha visto ratificado no sólo por la expresión popular sino también por la concesión de la medalla de oro de la Diputación Provincial de León que le es impuesta en 1957, y más recientemente la del Ilustrísimo Ayuntamiento de La Pola de Gordón.

 

Castillo de Gordón

 

La intrincada geografía de este territorio no deja de ser una excelente frontera natural que se vio implementada, tal vez, desde la época visigótica por la fortaleza conocida como el “Castiello de Gordón”, en torno al cual y posiblemente debido a él, se podría deducir, que Gordón fue causa y consecuencia del honorable Castillo de su nombre, y que la historia del Concejo tiene su raíz en aquella fortaleza, así como su natural evolución administrativa ulterior. El castillo que bien pudiera haberse levantado, o tal vez reconstruido, en tiempos de Alfonso III el Magno con el fin de consolidar su reino, siendo éste, junto a los de Luna y Alba un baluarte defensivo de primera magnitud contra lo musulmán, pues en más de una ocasión sufrió los demoledores envites de la algazara cordobesa, y entre otras, las producidas en los años 986 y 994, donde esta fortaleza defensiva, que ocupaba el centro montañés del paso natural al reino de Asturias, fue objetivo de destrucción. De estos sucesos perviven los relatos cronísticos del coetáneo abad Ordoño de Eslonza o los elocuentes Cronicones, -el de Alfonso el Sabio, el del Tudense y el de Don Rodrigo-, que testimonian la gesta de referencia, coincidiendo todos con rara unanimidad en subrayar la victoria de las fortalezas mencionadas sobre las armas sarracenas, cuando ya Almanzor había entrado en León, destruido Coyanza y arrasado en parte a Astorga.

 

De todas ellas, traemos aquí a colación, el texto que lo describe en la Crónica del Alfonso el Sabio, “En el XI anno deste rey vino Almanzor otra vez a esta tierra de cristianos, et corrio toda la tierra, et llego fasta Alba et Luna et Gordón et a otro Castiello Arborio; et combatiolos Almanzor, mas pero non los priso...”, y rememorando el hecho vemos con pequeña modificación estas últimas palabras, “MAS PERO A GORDON NON LO PRISO”, apareciendo en la bordura del escudo de armas de este municipio, sacadas a colación por el erudito gordonés don Francisco Escobar.

 

Esta fortaleza de Gordón fue gobernada como “tenencia” por caballeros designados por el monarca y de este aspecto queda constancia documental de algunos de los que fueron “tenentes” de Gordón, así pues, en el año 1.052, lo fue Exemeno Velasquizi; en 1.197, Petro Fernandi y el 1.207 Alvaro Nuñez.

 

Algunos indicadores de la relevancia de este castillo roquero como bastión de la Monarquía leonesa, queda expresa en el tratado de paz entre Alfonso VIII, rey de Castilla, y Alfonso IX, rey de León. Las rivalidades y luchas entre ambos monarcas, concluyen con el conocido como “Tratado de paz de Cabreros ”, en él se establece que el castillo de Gordón sería comiso de Castilla.

 

El castillo sufre una primera destrucción o desmantelamiento, tal vez debida a la espontánea voluntad del rey leonés Alfonso IX, para evitar fricciones con el rey de Castilla, hecho que debió de ocurrir hacia el año 1220 para congraciarse con el monarca, su primo, el castellano Alfonso VIII, glorioso vencedor de las Navas. Este baluarte bien pudiera haberse reconstruido con posterioridad y dudosamente pudiera haberse usado como mansión de recreo de los monarcas. Su destrucción definitiva obedece a la orden dada por la Regencia en 1811 a fin de que no sirviese a los planes de ocupación de los franceses. En la actualidad, de esta construcción defensiva, ampliamente citada en fuentes documentales, y emplazada sobre un cerro en las proximidades de la localidad de Los Barrios, no restan más que los cimientos, de su abandono y falta de uso surgió su más absoluta expoliación, y sus calizas fueron posiblemente usadas para la construcción de algunas casas de la zona.

 

El señor Luengo publica en 1928 una monografía titulada “Monumentos militares leoneses”, donde estudia esta construcción militar, sus restos y los resultados de las excavaciones allí practicadas.

 

El forcao

 

Hemos de destacar “el forcao” como un elemento peculiar y autóctono, en esta ocasión provisto de valores etnográficos. Este artilugio que llamó la atención y observaron, con detalle, aquellos viajeros que recorrieron nuestras tierras junto con beneficios ocurridos por aquel primer cambio en el trazado de la carretera de León a Asturias, que omitía su paso por Buiza y abría al transito las localidades de Vega, Santa Lucía, Ciñera y La Vid, de ello, dice mucho la opinión del marino inglés Cook quien, en 1843, la compara este tramo con otras carreteras europeas, tanto por su trazado como por su firme. Aquellos viajeros, también debieron de tener oportunidad de ver circular por los caminos y carreteras de nuestro Concejo nuestros forcaos.

 

El elemento al que nos referimos es propio de esta zona y dice mucho del sentido práctico de nuestras gentes y de su capacidad de adaptación a un medio hostil, no olvidemos lo empinado de sus montañas, la estrechez de sus caminos y la enorme capacidad de nuestros antepasados que concluyen con “el forcao”,(DANTIN, El carro del Concejo de Gordón), un artilugio de transporte, digno de un monumento y que doña Concha Casado lo define, como: “carro sin ruedas que al caminar se arrastra por el suelo”, y si los ejemplares son escasos, o inexistentes, porque la carcoma les ha podido, aún se perpetúa su existencia en los desgastes que sus “calzaduras” ocasionaron en su paso reiterado por los caminos empedrados que cruzan las hoces en el pueblo de Vega entre los pagos del prado de Quintanar y de Villarín.

 

Como no podía ser menos, este elemento etnográfico también llaman la atención a otro viajero singular, al científico, Hans Gadow, alemán de nacionalidad británica, que fuera profesor de ciencias naturales en Cambridge, Inglaterra, al pasar por estas tierras se fija en él, tildándolo de “artilugio” por la extrañeza que le causa, y así lo asevera y describe cuando publica las impresiones de su viaje una vez concluido, en la obra “In Northern Spain” publicada en 1897. Por mi parte indicar que en un documento fechado en año 1733 aparece la más antigua referencia del “forcao”, se trata de una carta de permuta entre el cabildo de Arbas y el monasterio de Guadalupe por la que éste cede al de Arbas el prado de Bárcenas, de tres “forcadaos” de hierva, por el de las Huertas, ambos en el lugar de Beberino. En dicho documento, se desprende, como el forcao se utiliza también como unidad de expresión de la superficie de las fincas. Según la tradición oral esta unidad equivalía, según las fincas fueran de regadío o secano entre unos 400 ó 450 metros cuadrados respectivamente.

 

Texto: Don Pío Cimadevilla Sánchez